Recuerdos de Sebastian…
Capítulo 3: Agatha…
Alcancé a divisar entre los arboles una escoba, bajé del árbol al que me había subido para conseguir un mejor panorama, y corrí al encuentro de mi ilusión, pero me decepcionó no verla como se había ido…
-¡Agatha! ¡Mi amor! –estaba inconsciente, traté de despertarla besándola lo mas tierno y dulce que pude, pero no respondió. Me entristecí tanto que creí que había muerto sin mi compañía, nosotros no podíamos estar demasiado tiempo distanciados. Ella es mía y yo de ella, estamos comprometidos de varias maneras, nos necesitamos para sobrevivir… La tomé en mis brazos y la llevé con mi corcel alejándonos de ese horrible recuerdo, llevándome también la escoba.
No despertó por varias horas, yo la tenía conmigo en mi improvisado campamento, esto me dio tiempo a desvestirla y evaluar sus heridas. Por suerte, eran bastante superficiales, traía marcas en su delicada piel de terciopelo, producto de ramas de árboles. En su espalda, se veía notablemente unos enormes moratones violetas e hinchados, según deduzco que fueron de la caída, ya que la encontré sobre una gran roca.
-¡Ay! – Pude escuchar al fin su voz, cuando le apliqué alcohol a una herida bastante profunda, la desperté de una manera poco amable y algo mala.- ¿Sebastian…? –según parecía creía que soñaba conmigo ya que sacudió su cabeza un par de veces hasta al fin sonreír a medias, estaba demasiado cansada y adolorida para hacerlo bien.
-Si,… Agatha,… soy yo mi vida… -traté de no hacerla mover, pero fue algo muy difícil para mi, requirió mas autocontrol del que esperaba y estaba dispuesto a soportar. Para ella fue de igual magnitud, ambos queríamos estrecharnos y no separarnos jamás, nunca mas, la separación reciente había sido suficiente como para… SIEMPRE.
Afortunadamente, resistí un día sin tocarla casi, sabía que probablemente tendría algún que otro hueso roto, pero gracias al cielo, no la moví de su sitio. Así fue durante una semana completa, sola la ayudaba a comer, tomar, etc.
-Sebastian… ¡Ya no lo soporto mas! –objetó al fin al noveno día de invalidez, yo tampoco podía mas sin tocarla mucho.
-Lo se, Agh, pero… probablemente, tengas algún hueso roto, las costillas en especial, no quiero que te lastimes, y menos por mi imprudencia…
-Mi señorito grácil, estoy bien, creo que al quinto día ya soldaron mis costillas rotas, recuerda que no soy humana…
-Lo se, pero… mejor prevenir…
-Que lamentar, si, ya se… -me interrumpió en tono de burla.
-Ya… ya, no te preocupes, solo un día mas, ¿si? Por mi… -rogué con mi rostro transformado en el de un gatito que implora por su vida, ella no podía resistirlo, lo sabía muy bien…
-Ay… Sebastian… no… -no resistía mas, mi plan era demasiado efectivo, my efectivo, al fin, asintió y obedeció.
Dos días más tarde, mientras juntaba leña para la fogata, me sorprendió.
-¿Quién soy? … -pregunto cubriéndome los ojos con sus hermosas manos, las que reconocí de inmediato, sin rodeo.
-¿Un ángel que secuestro a mi moribunda prometida? … -bromeé obviamente.
-Nop,… un demonio… Muahahahaha… -me soltó y sonrió abrazándome por la espalda, muy dulcemente. Desde luego, la besé una y otra vez girando sobre mi mismo y tomándola por la cintura para no dejarla ir, ella me correspondió rodeándome el cuello con sus brazos.
-Que tiernos… -nos interrumpió una voz conocida, demasiado. Volteé a verla, ahí estaba, mi hermana, Catherine. No me digné a soltar a Agatha, ni mi odiosa hermana me obligaría.- ¡De verdad me conmueves, Sebastian! ¡Que acto de caridad tan grande…! ¡Besar a una… Bruja…! –sus palabras hirieron a Agatha, me di cuenta cuando se atrevió a llamarla Bruja, nuevamente, comenzó a temblar a mi lado, yo la aferré mas a mi. Ella cerró los ojos y se le escapó un suspiro lleno de dolor por el rechazo constante de mi hermana. Catherine la había despreciado desde mi huída con ella, Agatha me había mostrado la libertad, no el libertinaje, como la princesa creía. Pero en el fondo, mi parienta, mi amaba y pensaba que era una malísima influencia mi prometida para mi…
-Catherine… -nuevamente tuve que controlarme, cosa que me costó mucho más que con Loreta.- Mira… escucha, porque solo voy a decirlo una vez… espero que entiendas… -debido a mis violentos impulsos, lobunos, la voz me temblaba, al igual que mi cuerpo. Agatha me dio espacio alarmada, los temblores se incrementaban, incontrolablemente. Estaba arrodillado en el suelo, escondiendo mi rostro entre mis manos, era demasiado el odio que se me había despertado hacia mi hermana, y no sabia por qué. Era consciente de que no odiaba realmente a mi hermana, sentía impotencia al verla actuar tan injustamente, pero no era por ella mi rabia, de eso estaba completamente seguro.
-¡Sebastian! –lo último que vi fue la mirada suplicante, desesperada y encharcada de mi Agatha.
“Agatha…” pensé “te amo…” nuestra telepatía funcionaba a la perfección. “Lo se, descansa, cariño, descansa…” su voz tranquilizante en mi mente logró calmarme, me desvanecí por completo, pero podía oír a mi hermana gritando asustada “¿Qué pasa allá afuera…?”
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