lunes, 25 de octubre de 2010

Mementos Acontecidos...


Recuerdos de Sebastian…
Capítulo 3: Agatha…
Alcancé a divisar entre los arboles una escoba, bajé del árbol al que me había subido para conseguir un mejor panorama, y corrí al encuentro de mi ilusión, pero me decepcionó no verla como se había ido…
-¡Agatha! ¡Mi amor! –estaba inconsciente, traté de despertarla besándola lo mas tierno y dulce que pude, pero no respondió. Me entristecí tanto que creí que había muerto sin mi compañía, nosotros no podíamos estar demasiado tiempo distanciados. Ella es mía y yo de ella, estamos comprometidos de varias maneras, nos necesitamos para sobrevivir… La tomé en mis brazos y la llevé con mi corcel alejándonos de ese horrible recuerdo, llevándome también la escoba.
No despertó por varias horas, yo la tenía conmigo en mi improvisado campamento, esto me dio tiempo a desvestirla y evaluar sus heridas. Por suerte, eran bastante superficiales, traía marcas en su delicada piel de terciopelo, producto de ramas de árboles. En su espalda, se veía notablemente unos enormes moratones violetas e hinchados, según deduzco que fueron de la caída, ya que la encontré sobre una gran roca.
-¡Ay! – Pude escuchar al fin su voz, cuando le apliqué alcohol a una herida bastante profunda, la desperté de una manera poco amable y algo mala.- ¿Sebastian…? –según parecía creía que soñaba conmigo ya que sacudió su cabeza un par de veces hasta al fin sonreír a medias, estaba demasiado cansada y adolorida para hacerlo bien.
-Si,… Agatha,… soy yo mi vida… -traté de no hacerla mover, pero fue algo muy difícil para mi, requirió mas autocontrol del que esperaba y estaba dispuesto a soportar. Para ella fue de igual magnitud, ambos queríamos estrecharnos y no separarnos jamás, nunca mas, la separación reciente había sido suficiente como para… SIEMPRE.
Afortunadamente, resistí un día sin tocarla casi, sabía que probablemente tendría algún que otro hueso roto, pero gracias al cielo, no la moví de su sitio. Así fue durante una semana completa, sola la ayudaba a comer, tomar, etc.
-Sebastian… ¡Ya no lo soporto mas! –objetó al fin al noveno día de invalidez, yo tampoco podía mas sin tocarla mucho.
-Lo se, Agh, pero… probablemente, tengas algún hueso roto, las costillas en especial, no quiero que te lastimes, y menos por mi imprudencia…
-Mi señorito grácil, estoy bien, creo que al quinto día ya soldaron mis costillas rotas, recuerda que no soy humana…
-Lo se, pero… mejor prevenir…
-Que lamentar, si, ya se… -me interrumpió en tono de burla.
-Ya… ya, no te preocupes, solo un día mas, ¿si? Por mi… -rogué con mi rostro transformado en el de un gatito que implora por su vida, ella no podía resistirlo, lo sabía muy bien…
-Ay… Sebastian… no… -no resistía mas, mi plan era demasiado efectivo, my efectivo, al fin, asintió y obedeció.
Dos días más tarde, mientras juntaba leña para la fogata, me sorprendió.
-¿Quién soy? … -pregunto cubriéndome los ojos con sus hermosas manos, las que reconocí de inmediato, sin rodeo.
-¿Un ángel que secuestro a mi moribunda prometida? … -bromeé obviamente.
-Nop,… un demonio… Muahahahaha… -me soltó y sonrió abrazándome por la espalda, muy dulcemente. Desde luego, la besé una y otra vez girando sobre mi mismo y tomándola por la cintura para no dejarla ir, ella me correspondió rodeándome el cuello con sus brazos.
-Que tiernos… -nos interrumpió una voz conocida, demasiado. Volteé a verla, ahí estaba, mi hermana, Catherine. No me digné a soltar a Agatha, ni mi odiosa hermana me obligaría.- ¡De verdad me conmueves, Sebastian! ¡Que acto de caridad tan grande…! ¡Besar a una… Bruja…! –sus palabras hirieron a Agatha, me di cuenta cuando se atrevió a llamarla Bruja, nuevamente, comenzó a temblar a mi lado, yo la aferré mas a mi. Ella cerró los ojos y se le escapó un suspiro lleno de dolor por el rechazo constante de mi hermana. Catherine la había despreciado desde mi huída con ella, Agatha me había mostrado la libertad, no el libertinaje, como la princesa creía. Pero en el fondo, mi parienta, mi amaba y pensaba que era una malísima influencia mi prometida para mi…
-Catherine… -nuevamente tuve que controlarme, cosa que me costó mucho más que con Loreta.- Mira… escucha, porque solo voy a decirlo una vez… espero que entiendas… -debido a mis violentos impulsos, lobunos, la voz me temblaba, al igual que mi cuerpo. Agatha me dio espacio alarmada, los temblores se incrementaban, incontrolablemente. Estaba arrodillado en el suelo, escondiendo mi rostro entre mis manos, era demasiado el odio que se me había despertado hacia mi hermana, y no sabia por qué. Era consciente de que no odiaba realmente a mi hermana, sentía impotencia al verla actuar tan injustamente, pero no era por ella mi rabia, de eso estaba completamente seguro.
-¡Sebastian! –lo último que vi fue la mirada suplicante, desesperada y encharcada de mi Agatha.
“Agatha…” pensé “te amo…” nuestra telepatía funcionaba a la perfección. “Lo se, descansa, cariño, descansa…” su voz tranquilizante en mi mente logró calmarme, me desvanecí por completo, pero podía oír a mi hermana gritando asustada “¿Qué pasa allá afuera…?”

martes, 12 de octubre de 2010

Mementos Acontecidos...


-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Otra versión de los sucesos…
Capítulo segundo: Golpes y rasguños…
-Mostrende, at emillen, us  plandest a posicionem Angah!- pronuncié mi conjuro para ver qué hacían mis enemigos y en donde se encontraban exactamente. De inmediato, como una visión del futuro, mis ojos viajaron por un gran túnel multicolor. Después, fue aclarándose la imagen de la manada de lobos en su forma natural arrollados en sí mismos protegiéndose del frio ártico, claramente, hasta donde me habían rastreado. La diferencia, era que yo me encontraba calentándome en una cabaña muchísimo mas lejos de lo que ellos imaginaban.
Volví de la altamente informativa visión y ya era de noche, recuerdo que me quedé dormida admirando el hermoso firmamento estrellado, como salpicado de la más fina plata.
-Agatha… -oí entre sueños, según me pareció, la voz, la razón de mi huida y delirios románticos, la cuál me deleitaba siempre los oídos… -Agatha…
Desperté feliz, sobresaltada y emocionada… Pero… me encontraba totalmente sola, sin Sebastian… lo necesitaba con prisa, no sabía si podría sobreponerme a la distancia corporal que me quitaba fuerzas a gran velocidad. Pero yo sabía que estaba sola en esto y que lo hacia por el amor profundo e incondicional que estaba completamente segura de tenerle. Me levanté gracias a las ganas que tenía de volver a verlo y comprobar que estuviera a salvo. Cada día que pasaba se incrementaba la distancia entre nosotros… Tres días más tarde, me di cuenta de algo… no podía separarme mas de un continente de el, estábamos unidos, atados, enlazados uno con el otro de una manera… físicamente imposible de explicar, nos pertenecíamos mutuamente. No puedo explicarlo… es como,… como una alianza que hemos hecho, ambos estamos marcados por el otro… Cuando recordé esto, estaba volando sobre mi escoba, por cruzar el mar, justo antes, como si algo invisible tirara de mi, me volví hacia atrás y caí de ella de una altura considerable para mis heridas posteriores.
-Ay… -dolían, había caído siendo rasgada por miles de ramas y sobre una gran roca que me había magullado toda la espalda y había acabado por quitarme el conocimiento…


Ok... gracias por leer mi cuento.. es algo... no se.. fantasioso pero.. es inevitable para mi no escribir de estos jajaja ok.. att. Sofia (Elinathan) ...

Mementos Acontecidos...


Recuerdos de Sebastian…
Capitulo 2: Loreta Cantory
Cuando se fue no pude moverme, no quería hacerlo, sabia que se había marchado huyendo de algo… No quería decírmelo por razones que ignoraba completamente, pero, como era de esperarse, seguro era para mi seguridad.
Luego de estar en silencio varios minutos, me senté contra una pared, sobre los mosaicos que tanto adoraba, sosteniendo mi cabeza con ambas manos. No pude calcular cuanto tiempo pase así, pero no importaba… Solo quería que ella regresara a mi lado y me abrazara, como nunca y que jamás me soltara… Vivir por siempre junto a ella, dormir y despertar a su lado, besarla a diario, solo con ella me bastaba para ser feliz. Ambos seriamos egoístas, sin pensar en nada ni en nadie más que en nosotros…
Por un momento pensé en correr a su encuentro, pero… esa opción no era considerable, habría arruinado todo intento suyo por protegerme y resguardarme de sus problemas, me hubiera enojado muchísimo con migo mismo. Pero… de alguna manera tenia que ayudarla, no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que estaba en peligro. Mas me desesperaba que estuviera siendo asechada por mi naturaleza, era eso lo que quería impedir. Sabía que los lobos no tendrían piedad con ella por el solo hecho  de ser bruja… no permitiría eso, no iba a perder a Mi chica, era mía y solo mía y también era consiente de que la torturarían para averiguar mi paradero. No dejaría que sufriera por mi culpa…
Mas tarde, vestido íntegramente de negro, con un pañuelo ocultando mi rostro, monte a mi hermoso caballo y me dispuse a huir de la gran estancia, propiedad de mi Agatha.
-¡Sebastian! ¡No… no te vallas! ¡Olvídala… no te preocupes por ella! ¡Ella… estará bien sin ti!- Loreta corrió a mi encuentro frenándome con llanto en sus ojos, su prima era muy bella, de tez pálida, no tanto como la de mi prometida. Tenía ojos dorados que daban calma instantáneamente-¡Por favor! ¡Pondrás en peligro tu vida por mi inepta y despreocupada prima!
-Lor… yo… mira, la amo y no voy a dejar que corra peligro sola… tengo que ayudarla…
-Sebastian,… ella no… ¡No te merece! Te pone en peligro cada vez que tiene oportunidad, es una estúpida masoquista. ¿Crees que te es fiel?-acabó desafiándome con los ojos relampagueando, llenos de odio hacia mi amada- ¡Pues no! ¡No lo es!
-Loreta…- traté de controlar la ira que afloraba dentro de mí como hierba mala entre lirios penosos, estaba seguro de que si no lo hacía, la mataría…-deja de meter tu ponzoña entre Agatha y yo, no voy a dejar de amarla porque tu digas tales mentiras.
A medida que la desenmascaraba completamente veía como su semblante se tornaba preocupado y decepcionante, estoy aun convencido de que no creía que yo sabía tanto sobre ella y sus maldades.
-A… -apenas si podía articular palabra, la había herido lo suficiente como para que no pudiera defenderse- yo… hice todo eso porque… -intento sincerarse justificando sus actos.
-Ya lo se,… ya se lo que sientes por mi, Loreta, pero también se el profundo odio y rencor que guardas hacia Agatha. –No la dejé seguir hablando, retomé mi misión, alejándome al trote con Clemens, mi caballo, mientras oía los suplicantes gritos de retorno…