sábado, 11 de septiembre de 2010

Mementos Acontecidos...


Recuerdos de Sebastian…
Capitulo 1: Despedida…

Caminaba acechándome, a mi alrededor sin decir palabra alguna… Parecía indecisa. Cada minuto, una eternidad… abría su esbelta y delicada boca, para luego cerrarla negando para si misma. Por un momento olvide que parecía correr peligro y me detuve a observarla… Dios, ese día se veía particularmente deslumbrante, con su vestido negro rozando el suelo sutilmente. Vestido que resaltaba su tez pálida, incrementando la atracción natural propia de ella…
-Sebastian…yo,… ammm… -apenas logro balbucear un poco cuando ya estábamos a pocos centímetros de distancia, yo me había acercado de mas- tengo que irme…
Me dio un rápido beso en los labios, fugaz, pero certero, cumplió fielmente su misión, tranquilizarme…
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Otra versión de los sucesos…
Capitulo primero: Peligro…
Corrí por la plaza, desesperada, no miré atrás, sabia exactamente lo que a mis espaldas sucedía. Ellos me perseguían, yo… debía huir pronto, pero… ¡Sebastian! ¿Cómo lo había olvidado? Deseaba con todo mí ser llevarlo conmigo, pero… no podía, no sería egoísta, no de esa forma…Si quería protegerlo debía dejarlo solo, alejarlo de mí, tarea demasiado complicada para mí…
-Sebastian…yo… ammm…-no sabia como comenzar, logre decir solo eso, luego de considerarlo y reconsiderarlo varias veces caminando en silencio a su alrededor. Midiendo bien mis palabras, continué-…tengo que irme…-acto seguido, bese sus labios lo más rápido que pude y me marché.
Volví a correr frenéticamente, lo que dejaba atrás era mucho significado para mí, no sabia como podría sin él. Todavía me seguían, pero yo era más rápida, en ese momento me alegré de mi naturaleza que antes odiaba profundamente.
Llegué a mi bella casa, dando vuelta todo el ático hasta que la vi… ahí estaba, de lo más tiesa, mi escoba…
¡Si! Soy una bruja, pero no temas… no hago daño… ni soy fea como todos nos describen, viejas y arrugadas… bueno, aun no… soy joven, hermosa y dinámica. Según me han dicho mis tías, con mucho potencial que no alcanza aun su cumbre total, tengo mucho más para dar de lo que demuestro.
-¡Déjenme en paz!-mascullé a los malnacidos lobos que no me daban descanso alguno, los odiaba tanto, desde el primer momento en que los había visto. Lo malo era  tener una amiga con amante lobo.- ¡Hice lo que me pedían! ¡Déjennos en paz! ¡Al menos dejen que el sea feliz sin mi! – no obtuve respuesta alguna, lo que me enfado mucho. Me monte el mi fiel y adiestrada escoba y sobrevolé los árboles del bosque al que me habían seguido.
Rápidamente los dejé atrás, mi escoba era rápida, mucho más que ellos. Crucé el mar a toda prisa, con un leve estremecimiento en el pecho que no supe identificar, sin percatarme a dónde me dirigía.
En cuanto aterricé me acorralaron, sin rodeo, no tenía escapatoria…
-Agatha O´Donnel, bruja del demonio, esta arrestada en nombre de la Real Comandancia Lobuna de Charles Fox…-Vladimir Do Santos se mostró en su forma humana, seguido por los demás soldados-lobos. Lo fulminé con la mirada, estaba cansada, demasiado, así que no me resistí cuando me pusieron esposas y me condujeron a su corte. Dicha, se encontraba oculta dentro de la Fortaleza Fox, la más grande del continente, una gran construcción antigua de piedra de unos cincuenta metros de alto.
-Doy por iniciada la asamblea-juicio con la finalidad de debatir la sentencia de la Bruja, Agatha O´Donnel…-así comenzó el Primer Concejal Real, el más antiguo de los Foxfor del norte una vez adentro de la corte, luego de que me escoltaran groseramente. Me encontraba en medio un congreso de miles de Lobos en su forma humana. A mi derecha, estaba el Palco Real integrado por la reina, esbelta y elegante, el rey, imponente, la princesa, seria y delicada y también estaba el lugar que debía ocupar el príncipe, vacío.
-La acusada, lo esta por secuestro a un miembro de la realeza y por asesinar a nuestro comandante militar ¿alguna objeción?-me acusaron así, sin mas.
-Se muy claramente mi delicada posición aquí y que podríais revertir mis palabras si así lo desearan, no voy a justificar mis actos como debería. Solo diré que todos los aquí presentes sois muy conscientes de mis razones para actuar de esa forma, el príncipe Sebastian…-intente comenzar a defenderme un poco, pero no me dejaron…
-¡Que osadía! ¡Insolente!
-¡Irrespetuosa!
-¡¿Cómo se atreve?!- se referían a como lo había llamado a mi prometido, para ellos era el Príncipe Gregory Sebastian, para mi solo Sebastian…
-…El príncipe-continué elevando mi voz por sobre las acusaciones- se retiró por sus propios medios, jamás lo obligaría a nada, sobre todo siendo él mi prometido…-susurros nuevos se abrieron paso entre mi defensa, y sus repercusiones fueron mas acusaciones injustas que no relataré por no intimidarte, me dolieron demasiado…
-Si dudáis,-me impuse nuevamente-puedo convocarlo aquí, ahora…-murmullos hirientes, muchos enojados por la mezcla de razas, desde luego prohibida, y otros simplemente indignados, afirmando que yo lo había hechizado o algo parecido para que fuera mi esclavo. Esa fue la gota que rebalso y tiró el vaso de su sitio al diablo.
-¡Escuchadme insolentes! ¡¿Cómo os  atrevéis a decir semejantes injurias?! ¡¿Qué os sucede?! ¡El príncipe sabe decidir por sus propios medios, no es mi marioneta! ¡Tampoco os necesita a vosotros para eso! ¡Déjadlo que sea feliz, en paz!-dicho esto, mas bien gritado, me enfurecí todavía más cuando el centinela que me apuntaba con una especie de lanza, me la enterró en la espalda sin dañarme siquiera- ¡Y ya basta de molestar con que soy una insolente, porque no soy la única! ¡Sois los menos indicados para hablar!-mi tono se volvió venenoso por completo, ya los odiaba y ahora había aumentado mi detestarlos a un nivel supremo, que me superaba por completo.
La lanza que me oprimía la espalda, se quebró en pedazos, al igual que las esposas que me sofocaban las muñecas. Liberé mis manos y comencé a dibujar círculos invisibles en el aire sin cesar y balbucí…
-Almasha, insenciblesten, pagade us pecadels  Angah!-de inmediato empezaron a gritar dolorosamente todos los miembros de la corte a excepción del Palco Real, al que me abstuve de causarle remordimiento alguno.
Desde luego, me gritaron barbaridades, pero no cesé la tortura, lo merecían, incluso más, pero estaban sintiendo todo el dolor que habían causado alguna vez. Por un segundo lo disfruté, pero luego me dieron pena, así que los hice mudos. Aproveché el silencio y me dirigí al Palco, muy respetuosamente…
-Majestades impetuosas,-dije haciendo una reverencia sin mirarlos a los ojos, como debía ser- mis disculpas a vosotros por el desagradable espectáculo que se presencia. Pero en este momento ellos están pagando su deuda con la sociedad…
-Lady Agatha, no debe usted turbarse por nosotros, estamos ya muy acostumbrados a este tipo de desgracias y torturas, injustas y justas…-se dirigió a mi la Reina, era tan… bella que una se sentía muy inferior.
-Soy sumamente consiente de ello su Majestad, perdone usted mi intolerancia al dirigirme a usted tan directamente…
-¡Es usted Lady Agatha una desconsiderada!-rugió la princesa, estaba claramente indignada.- ¡Mi hermano, el Príncipe Gregory Sebastian pertenece aquí, a su entorno! ¡El lo sabe claramente y usted solo lo convence constantemente para que se quede a su lado! ¡Bruja!
-¡Si, lo soy! ¡Pero no me avergüenzo de ello! Y la insolente es usted al ser completamente ignorante de mi posición ante mi prometido. ¡Mil y un veces le he rogado que volviera a su sitio que claramente es este! ¡Pero no!, el se rehúsa a regresar insiste en permanecer junto a mi… Y soy consiente de que corre peligro a mi lado…
-¡Catherine! La señorita tiene toda la razón, eres demasiado descortés e injusta con ella, discúlpate ¡ahora!-la regañó el rey.
-¡No! ¡Ella, esa vil bruja despojó a mi hermano de su hogar! ¡De todo su entorno!-la princesa mostró su lado terco y persistente, realmente admiré su destreza al hacerle frente a su padre sin retroceder, siendo este tan impetuoso.
-Silencio Catherine…-ordenó su madre. Ella calló y se levanto de su trono.
-Esto no acaba aquí, bruja… rescatare a mi hermano de tus garras…-dicho esto se marchó claramente enfadada.
-Disculpe a mi hija, ella es algo…terca-se lamentó sinceramente el rey, podía ver su aura, difusa, pero verde fango… color que indica decepción y pena.
-No se preocupe Rey Frederick, estoy segura de que se dará cuenta de su error y lo lamentará luego… si me permite… tengo que marcharme, todavía me siguen  los del Orinoco…
-Oh, claro, valla en paz y con Dios…-y luego- dadle mis cariños a Sebastian…-la Reina hablo triste con su aura entre celeste opaco y gris…
-Prometo que se los daré,… en cuanto lo vea…-decaí al pensar que no sabia cuando seria eso… quería hacerlo de inmediato, pero sabia que eso hubiera puesto en peligro su vida. No tenia que ser egoísta de tal manera.
Me despedí con una rápida pero correcta reverencia y salí corriendo, sin mirar atrás, escapando de mi cruel destino, lo que mas me preocupaba era no saber por qué me lo habían sentenciado…

2 comentarios:

  1. Muajaja...yo esto ya lo leiii!!
    jjajjajaa
    buenoo...
    paso a dejar mis coments ii felicitaciones x tu blog...
    estoii happy (ii las dos sabemos por qe...es lo mismo qe dijiste en voz alta la otra vez ii la chica te escuchoo!)
    wuenoo...
    adioooss!!

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  2. "Estoy feliz porque me gusta la Pija" (Derechos reservados de Sofia Marible Scigliano)

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